viernes 13 de noviembre de 2009

me borré


Me borré, desaparecí de la cotidianedad que inundaba con mis idas y venidas, con mis planes, con mis locuras de excéntrico recoge basuras. Se acabaron las visitas inesperadas, los planes improvisados, las pesadas gracias singracia, los discursos inacabables, los cuentos malcontados...

Y, ¿me echaran en falta alguno de aquellos a los que acostumbraba a molestar con mi discurso apocaliptico?, ¿sentirán mi ausencia en sus reuniones? Es posible que no, en realidad no me he muerto, no hay nada de lo que apenarse. Es posible que todo continúe tal y como lo dejé, que alguna voz llene el vacío de mis palabras ahora ausentes.

Ahora me encargo de otros mundos, ahora recupero en soledad las mismas ideas gastadas. Molesto en otro universo, desespero a otros...

Me borré, simplemente me borré de allí donde estuve.

miércoles 5 de agosto de 2009

Hoy he aprendido




Hoy he aprendido

que la esperanza
a veces desespera,

que la entrega
a veces no consuela,

que los buenos
a veces parecen malos,

y las luces
pueden llegar a ser sombras

Hoy he aprendido
a consolar
el desconsuelo

martes 10 de febrero de 2009

Esperas


Hay lugares en mi ciudad en los que las esperas se congregan a observarse unas a otras.
Acuden allí las más pasajeras, deseosas de que el tren anuncie su salida; también acuden las ansiosas que repasan en su memoria el rostro que las dejó en su angustioso contar días. Esperas enamoradas que sueñan con poder soñar cerca de la persona amada. Pero también buscan un sitio las esperas pacientes, que descansan sobre el cálido banco de la estación, mientras acuden al final de sus días repasando en su memoria las glorias perdidas. Junto a ellas también está la espera del que nada espera, tan sólo que esta noche, cuando le recoja el autobús de la miseria, pueda encontrar un colchón libre donde dejar sus huesos. Hay otras esperas, como la del traficante, que son desconfiadas, con un ojo despierto mientras el otro celebra el momento.
También las hay inútiles, lascivas, melancólicas, abandonadas; esperas desesperadas y esperas esperanzadoras.
Todas ellas se confluyen este lugar donde la espera iguala al estresado hombre de negocios con el que huye del frío, al arrogante joven en busca de aventura con el anciano que dormita su destino, al fiel con el adúltero, al rojo con el azulado, al autóctono con el foráneo, al débil, al atrevido, al turista, al desconfiado....
Hay lugares mágicos como la Estación de Atocha, donde la espera es la protagonista de su historia.

lunes 29 de diciembre de 2008

Mil esferas


Mi circular alma
merodea a veces
entre espejismos de calor
y se confunde
cuando el invierno
quiere hacerse presente.

Sangro la febril duda,
me enmaraño en
melancólicos prepresentes
y busco algún oasis
huyendo entre las sábanas.

Y, sin embargo,
en realidad me desconozco,
me alejo de mi mismo,
descomponiendo cada
esfera de mi
granado corazón.

Quizás esa sea la clave,
no disolver,
protegerlas,
en su íntima independencia.

Quizás sean todas ellas
tan mías como ciertas.

Quizás yo no sea
otra cosa
que mil esferas
por mi piel cubiertas.